jueves, 29 de octubre de 2009

VHS, NY


El próximo sábado 14 de noviembre, bajo el signo de Escorpio y gracias a Lynne Sachs y Mark Street, mi video experimental VHS tendrá su estreno internacional en Nueva York en el marco de Ventana al Sur: An Evening of Argentine Experimental Films at Millennium Film Workshop. No es precisamente un fragmento del video original ya exhibido en Buenos Aires, sino otra versión de casi diez minutos, porque decidí ir variando el montaje de VHS para convertirlo en una obra abierta, que cambiará según pasen los años, en plan mutación accidentada. Veremos cómo sigue. Por lo pronto, esta es una nueva sinopsis breve en inglés:
If gender is technology (as feminists teach us), then queer identity is an infected machine. VHS (VideoHomoSexual) is a smash-up of trailers and institutional clips where the trashy texture of videotapes, corrupted by the queer-techno-eye, exhibits the camp desire and its degradation.
PS: En una gacetilla oficial sobre Ventana al Sur, escribieron esta nueva sinopsis de VHS: Archeological detritus of 80s and 90s video culture woven into a reverie of lust, anger and raunchy fun. An homage to the passing of a beloved gauge.

domingo, 25 de octubre de 2009

La plaza del amor


El próximo 7 de noviembre, a las 16 horas, en la Marcha del Orgullo LGBT, antes de partir por Avenida de Mayo rumbo al Congreso, nos juntamos en Plaza de Mayo, como hace varios años, para gozar de un encuentro musical de amor libre. Habrá recitales, feria y todos los etcéteras que quieran performar diversamente en la plaza. Tocan Javi Punga y su Conjunto Musical, Miss Bolivia, Los Labios y FOK Electrochongo.
Están invitadxs y tienen este flyer que hice (y que se amplía con un clic) para que puedan difundir el recital en sus blogs, flogs, fb, sitios, redes sociales, etcétera.

viernes, 23 de octubre de 2009

Baltimore Rosa Shocking


Muchas veces escribí sobre John Waters, sobre su cine anarcosexual ubicado en Baltimore, sobre el valor de sus películas insurrectas. Pero nunca me había dedicado a exponer con detalle algunas de las virtudes viciosas de Pink Flamingos, mi película favorita de la Historia del Cine. En la nota que escribí para Soy esta semana van a poder leer algunas de las apologías más horribles que se puedan hacer sobre la obra maestra de este gran Anarquista Anal. Y si no vieron aún Pink Flamingos, y creen estar preparados para eso, la dan un par de veces en el malba. Y después, a seguir mamando.

Romancero criollo


Y yo, que sigo siempre hasta el fin,
quiero saber, por qué no quieres venir,
a conocer, tu propio mundo interior.

"Héroes del Asfalto", Riff

Yo quisiera que la puerta quede abierta
y que todos entren a la fiesta!
"Entra en movimiento", Virus

Para el anónimo que lo pidió en un comment, ahora en el último suplemento Soy puede leer mi visión de Vil romance, la trama homoerótica suburbial de Campusano. Y después de la nota es recomendable escuchar Recrudece y Contenidos, discos de Virus y Riff respectivamente, editados ambos en 1982, para vivir el choque de sensibilidades al que me refiero al final del texto y estar en el mood indicado para irse a un cine a ver esta película, si aún no lo hicieron. Federico Moura y Pappo, un solo corazón.

Atención: no vale escuchar Agujero interior, de Virus, producido por los Peyronel Bros., miembros de Riff, porque no habría tal choque.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Made in Taiwan

En Taiwan no paran de surgir genios audiovisuales. Este video stop motion se llama Deadline y lo dirigió un tal Bang-yao Liu. Y por acá pueden ver el making of. Lo que me parece extraordinario de este corto es que usa la estética high-tech del píxel desde la técnica más primitiva del cine (el stop motion o descomposición del movimiento en fotografías fijas). Es algo así como si alguien se propusiese fabricar una computadora con palitos de helado, y lo logra. La idea de que al pegar papelitos se puede reconstruir la gráfica del videogame y los iconos de la cybercultura hogareña es una propuesta que pone en relación la más rudimentaria manualidad con el mundo de la alta tecnología como una prueba paradójica de que en el germen de una está la otra o, dicho de manera distinta, que se puede encontrar una genealogía impensada entre los dos polos antagónicos de producción. También, a cada golpe del montaje, entre un plano y otro, entre un cuadrado y otro, se salta de la abstracción a la figuración, intermitencia creada a partir de una ecuación aritmética representada como figuración geométrica, que hace de la imagen una tensión bastante particular entre lo analógico y lo digital, entre la superficie y su cálculo: cómo un cuadrado de papel se puede transformar sucesivamente en mundos alucinados por la cibernética. Así, la imaginación tecnológica produce el paisaje mental como un mosaico mutante y extrañado de las formas de figuración visual. Es como el sueño de una reunión imposible entre esferas de la experiencia técnica y estética; y por eso creo que es evidentemente que este corto pertenece al subgénero del onirismo tecno-pop.

Tecno-voyeur


El plano de la tijera que Grace Kelly clava en la espalda del asesino de La llamada fatal (Dial M for Murder, 1954) fue originalmente filmado en tres dimensiones, pero como el sistema ya había pasado de moda, la película se estrenó en versión plana. Sin embargo, se reconstruyó esa escena en 3D para exhibirla en el parque temático de Universal en Orlando. Verla me reveló que el 3D tiene posibilidades ideológicas, estéticas y conceptuales más allá de su calidad de espectáculo, y que es una pena que otros directores no se interesasen en experimentar con sus efectos. Y, además, defiendo la idea del cine como experiencia puramente sensorial, y por eso no puedo dejar de seguir de cerca el resurgimiento del 3D, incluso en sus versiones industriales más espurias. Y esta crítica de Sangriento San Valentín 3D, publicada en El Amante, es una forma de tratar de rastrear una veta de su historia.
A veces, incluso, deseo que a alguien se le ocurra hacer versiones 3D de algunas películas canónicas, volviéndolas más efectistas, para revisar la historia del cine como si fuese un parque temático. Por ejemplo, en tres dimensiones la bola de cristal del comienzo de El ciudadano te estallaría en los ojos; o el baile de los panes de La quimera del oro te patearía la nariz. O mejor sería El Acorazado Potemkin, porque el carrito cayendo por la escalinata de Odessa te aplastaría la jeta; o que con Octubre sientas que te golpea un pedazo de la estatua zarista que el proletario derriba. ¡Uy, qué ganas de ver la revolución rusa en 3D!

viernes, 9 de octubre de 2009

Miguelito


Nunca voy a olvidar que haber visto ¿Qué he hecho yo para merecer esto!! (1984) en una reposición en el cine Hebraica (si no recuerdo mal fue por 1992, antes de haber terminado yo la secundaria), fue una experiencia muy importante para mi vida: ver a Miguel (Miguel Ángel Herranz), el niño gerontófilo, hijo del personaje de Carmen Maura, que se acuesta con los padres de sus compañeros de colegio, fue una visión casi perturbadora, no por sentirme impactado por su comportamiento sino, al contrario, por reconocerme en pelos y señales como una mímesis total de Miguel, como si alguien estuviese contando mi biografía real e imaginaria sin haberme consultado.
Por esto no podía dejar de considerar a Almodóvar como un director afín a mi propia sensibilidad, y no sólo por ese personaje (todavía lo considero único en su tipo en la historia del cine) sino por la precisión en la búsqueda de una sensibilidad libertina, donde podía convivir el esperpento de tradición española con el absurdo fantástico, la veta realista del cine italiano, el melodrama familiar como comedia negra y desbordada al estilo de John Waters con referencias cinéfilas mezcladas que incluían a Hitchcock (en este caso al televisivo), y otras tantas formas de síntesis artificiosas que convertían al cineasta manchego en el rey del camp hispano. Y, también, que no es poco, en esa película había una idea del casting absolutamente perfecta, que no sólo incluía a una Carmen Maura insuperable, sino a mi actriz española favorita, Chus Lampreave, que en esta y otras tres películas de Almodóvar (Entre tinieblas, Matador y Mujeres al borde de un ataque de nervios) logra crear personajes inmortales que sólo estaban en germen en los cameos que ella hiciera para Ferreri y Berlanga.
Cuando vi esa película, Almodóvar ya estaba instalado como tic de la cinefilia porteña, y no hice más que sumarme a los seguidores locales del cineasta, como uno más de la troupe que celebraba el desborde estético astutamente encuadrado en una potencia cinematográfica original y genuina, aunque se insertaba en la tradición más vital del cine español encarnada por Buñuel y Berlanga.
El tiempo, se sabe, corrompe los mejores vínculos: yo ya me había convertido en una chica almodóvar (¿quién no lo fue alguna vez?), pero después vino el desengaño, la traición, el hastío, y de alguna manera también casi todxs empezamos a vivir un melodrama en nuestra relación con el cine de Almodóvar. Tras el gran impacto inicial frente a su obra, duré bastante como seguidor fiel, pero puse el grito en el cielo (¡basta, no aguanto más!) con La mala educación: ya no podía ver esa repetición autorreferencial como ceremonia ritual y trip egomaníaco en el que se había convertido el cine de Almodóvar. Algunxs de mis colegas se habían cansado antes. Igual, inmediatamente después vino la tregua para mí con Volver, que sin ser un ejemplo de despojamiento de los vicios adquiridos a lo largo de los años, al menos fue un poco de nostalgia bien habida, una vuelta un poco más sabia a sus orígenes. Ahora, con Los abrazos rotos, su último opus, no es que Almodóvar salga de su mundo con reglas ya un poco fatigadas, sino que encuentra una luz nueva para reescribirlo, y que terminó de convencerme para hacer una reconciliación, al menos temporal, con el cineasta. Acá la nota que escribí para el suplemento Soy de esta semana donde cuento como su camp es ahora una forma de nostalgia desgarradora, pero también la vía de escape de un presente demasiado conservador.
Actualmente, en esta nueva etapa de Almodóvar, otra cosa me perturba tiernamente, pero ya no de sus películas, sino de su persona: compruebo ahora que sus canas (y su eventual barba) le sientan tan, tan bien, que verlo me devuelve nuevamente todo el placer sin culpa de esa gerontofilia que me había hecho identificar profundamente con su cine.

sábado, 3 de octubre de 2009

Páginas arrancadas al cine


Camille Paglia viaja por la obra de Alfred Hitchcock en el descapotable de Tippi Hedren, mientras la cubana Zoé Valdés descifra el mensaje prohibido de las piernas de Marlene Dietrich como la Lola-Lola de El ángel azul. Bajo el reinado de Luis Antonio de Villena, El gatopardo de Visconti será declarado el último grito de la moda camp, mientras que Salman Rushdie se sacude cualquier mandato de pertenencia territorial para habitar ese lugar glam de fuga sin límite bautizado económicamente Oz. Si quieren conseguir las recetas de estas alucinaciones, pueden leer los ensayos reseñados en la nota del último número de Soy.
Más libros para un buen fin de semana para leer al aire libre.

jueves, 1 de octubre de 2009

Back to Mono


"Si viste a un elefante volar, lo viste todo", se escucha en Dumbo, el gran clásico de Disney. Pero parece que no era así, que había que esperar un poco más para verlo todo. Tal vez, el momento sea ahora, con Lluvia de hamburguesas, pero el dicho habría que cambiarlo por: "Si viste a un mono con fijación por los bigotes, lo viste todo." Su nombre es Steve, y también tiene fijación por los ositos de goma. Esta película de animación, además, tiene más gags por minuto que Top Secret y un argumento lunático creado con la ciencia exacta del disparate del joven inventor Flint, su protagonista. Una monada fantagruélica*.
PS: Me doy cuenta, mirando la imagen de arriba del mono Steve, que la cola en espiral me señala una afinidad con la 'Patafísica. ¿Será Steve pariente del gran mono papión Bosse-de-Nage que da nombre al capítulo X de Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, Patafísico? No sé si la respuesta será sí o no, pero si pensamos que ambos monos son asistentes-cómplices de científicos, las relaciones de parentesco me cierran más, o me abren menos. Y si, además, corroboramos que el Dr. Faustroll le trató de enseñar a hablar a Bosse-de-Nage (aunque el papión sólo llegó a pronunciar un "monosílabo tautológico: HA HA"), y que, por su parte, Flint crea una máquina para transformar los pensamientos de Steve en palabras, parece que las coincidencias no son tan superficiales. Yo diría que, por las dudas, cuando vayan a ver Lluvia de hamburguesas en 3D, lean el libro 'Patafísica. Epítomes, recetas, instrumentos & lecciones de aparato, recientemente compilado por Rafael Cippolini. Ojo, que se entienda bien, el libro no hay que leerlo antes ni después de la película, sino durante, y sin sacarse los anteojos 3D, porque si no los espirales de la tapa no pegan lo suficientemente bien.
* La palabra fantagruélica es producto de una deformación azarosa provocada por un cambio en los vicios de mi corrector de word. Como siempre que escribía ciencia ficción me lo cambiaba por fantaciencia, reprogramé el corrector de word usando unas variables matemáticas carrollianas** para desviar ese prefijo. El resultado fue que cada vez que invoco a Rabelais con el adjetivo pantagruélico me lo cambia por fantagruélico. Y como me parece mucho mejor esa otra palabra la comencé a usar. No es exactamente un sinónimo de pantagruélico pero tampoco lo opuesto. De hecho, fantagruélico no es exactamente algo, su naturaleza es ser una incompleta inexactitud.
** Y ya que estamos recomendando libros, otro que viene al caso, y es de reciente aparición, es Lewis Carroll en el país de los números. Su fantástica vida matemática de Robin Wilson, que en la página 206, en el capítulo donde se aborda el "problema del mono y la pesa" reproduce el dibujo de un mono que bien podría estar colgado en el árbol genealógico de Bosse-de-Nage y Steve.