viernes, 14 de agosto de 2009

De una gran fruta


Conocí a Sr. Tomate en el Galpón de Encomiendas y Equipajes, en 18 y 71, en una noche platense helada, un 9 de junio de 2007. En rigor, ese otoño se despedía antes de la fecha calendaria porque el frío de esa noche era terriblemente invernal y convertía a todo lo que tocaba en un iceberg (ese invierno fue memorable: un mes después iba a nevar en Buenos Aires por primera vez en no sé cuántas décadas). Respirando a pesar de las estalactitas, entre paredes que apenas nos separaban de un descampado gélido de vías muertas, una más de las estaciones fantasmas de Buenos Aires, esa noche Sr. Tomate tocaba junto a Shaman y los hombres en llamas y a El mató a un policía motorizado (aclaro que había viajado otra vez a La Plata como seguidor del sonido motorizado). La sorpresa fue increíble: con el folk psicótico de Sr. Tomate se disparó un calor que me dura hasta hoy. Una de esas temperaturas para la que no hay matafuego que valga. Temperatura del cuerpo en combustión musical libertaria, con instrumentación acorde a su total desprejuicio por las jerarquías tecnológicas y sónicas del rock, y con las convenciones de la vida puestas a prueba en cada estribillo. "A veces pienso que la locura es el remedio, que nos mantiene sobrios en este medio", cantó esa noche Poli Tano, atrás de su guitarra, con la ambigüedad que le daba estar enfundada en una gorra y en la capucha de un canguro, para protegerse del frío y de cualquier dictadura de los géneros. Poli y Sr. Tomate avanzan a fuerza de un no-sé constante, la incertidumbre hecha canción para camaleones. El suplemento Soy, ayer, publicó una entrevista que le hice a Poli, porque este fin de semana largo hay doble función de la vitalidad demencial de Sr. Tomate. Y si alguien quiere aprenderse las estrofas de los himnos minimales pueden descargar gratis las canciones de la discografía completa de la banda de la fruta antropomórfica. Y luego a gritar y bailar hasta que se pongan colorados. Ahí nos vemos.

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