viernes, 27 de noviembre de 2009

Cine continuado


Hoy mismo, a las 20 hs., en el Espacio Queer de La Plata, será el estreno nacional de 575 Castro St. de Jenni Olson, un corto que este año estuvo en los festivales de Sundance y Berlín, entre otros. Estará, obviamente, subtitulado al criollo. Así que será cuestión de darse una vuelta por allá, porque además se exhibirá Milk de Gus Van Sant y luego en el debate se establecerán las siete (mil) diferencias entre la mirada de una y otro.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Valse triste


Otro flyer por lo de hoy: la proyección de VHS en New York. En el post anterior me olvidé de aclarar que esta nueva versión está dedicada al 50 aniversario de A Movie By Bruce Conner, que hizo del found footage el arte subversivo que todavía es. Además, Conner se murió justo cuando estaba terminando de editar VHS. Y para mí fue muy triste, siempre pensé que algún día lo iba a conocer; son esas cosas ridículas que uno imagina y/o desea, vio.

viernes, 13 de noviembre de 2009

El rey del pop


Gizmo, el rey y bufón de los Gremlins, mi bicho favorito de cualquier pantalla, puede ser un bailarín supremo al ritmo de Fats Domino y bajo la mirada desconfiada de Christopher Lee; o se convertirá en un Rambo con un clip, una banda elástica y un lápiz. Esto sucede en la segunda parte de la saga, pero este año se cumplieron 25 años del estreno de Gremlins (1984), del nacimiento de la bestia, y se editó un blue-ray como todo homenaje. Me parece poco, poquísimo. Pero igual la tradición de recordar esta película de Joe Dante sigue viva: cada navidad, los bichos orejudos invaden los televisores de los fans para arruinar las fiestas de fin de año. Porque, entre otras cosas, Gremlins es una de las diez películas más horrorosas de navidad.
¿Y para cuándo un pesebre de Gremlins?

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Porches y ventanas


Hay una constante horrible en cierto cine indie estadounidense, que casi es conveniente decir que es seudoindie, y que se puede identificar como relacionado históricamente con el Festival de Sundance (aunque en algunos casos ya se expandió a vertientes autorales de la producción industrial). Me estoy refiriendo a la tendencia de las películas post Sexo, mentiras y video, narraciones dramáticas hasta el agotamiento y casi la tortura, que se caracterizan por estar construidas, o precipitadas narrativamente, hacia escenas de porche donde los personajes ponen cara de "la pasamos remal pero ahora aprendimos a vivir"; escenas que se pueden reemplazar por las de personajes mirando por la ventana con la vista fija en el horizonte lejano que dicen parlamentos importantes, o no dicen nada pero el plano da a entender que igual aprendieron la lección de la vida. Ojo, que el porche y la ventana son la frontera entre lo interior y lo exterior, lo privado y lo público,y eso ya pasa por serio, por reflexión. Por eso, en estas escenificaciones calcadas los personajes pretenden mirar afuera, al futuro, al "mundo" para, poseídos por el espíritu de Hugo Soto (QEPD), terminar, gracias al porchismo aleccionador, por autoproclamarse humanamente profundos, sabios predicadores y creyentes del futuro. (Aclaro que cada vez que escribo la palabra "porche" me parece que un venezolano o mexicano me está traduciendo el texto, pero no encuentro un sinónimo menos alambicado, la palabra "pórtico" es igual de aparatosa y creo que arquitectónicamente más inexacta). Y el contraplano de las miradas de esos pesonajes, el paisaje al que miran, generalmente no aparece, porque el director no se banca, o no puede mostrar, la imagen y su valor, porque su lógica tiende a un discurso no tan abstracto como vago, demagógico, cobarde y anticinematográfico: las palabras morales no se pueden perder en el abismo, en la fuga del espacio, hay que privilegiar el peso de lo verbal a lo visual, toda distracción obstruye el mensaje. Estas escenas, conclusivas en todo sentido, son la parte confesional de la película, es como obligar al personaje a ir al banquillo del acusado, someterlo a un juicio violento frente al mundo y sacarle una declaración forzada. ¿Fue Foucault el que planteaba la trampa de la confesión como forma de administración de justicia, como cierre embustero del relato del juicio? ¿O fue Agatha Christie? ¿O fueron ambxs? Perdón por el desliz "culto" y por la desmemoria. Pero lo que quiero que quede claro es que en estos casos el personaje, en lugar de ser un testigo de cargo, se convierte en un testigo cargado (de solemnidad, de clisés, de moralina chamuscada). Y ejemplos de esta tendencia son A los trece, Río místico (y la última de Clint Eastwood, que también tiene mucho del porchismo mesajero), Monster's Ball, 21 gramos, The Woodsman, entre las más conocidas. Y ahora se agrega, porque la vi recientemente, Shotgun Stories, otro ejemplo de la peste de la tendencia falsaria del cine indie, que combina la escena de la lucidez brusca de la mirada al infinito por la ventana con la moraleja de porche de la manera más mecánica y seca que se puede hacer, para asegurarse la legitimidad y la celebridad en ciertos circuitos de cine arte y festivales de cine.

jueves, 29 de octubre de 2009

VHS, NY


El próximo sábado 14 de noviembre, bajo el signo de Escorpio y gracias a Lynne Sachs y Mark Street, mi video experimental VHS tendrá su estreno internacional en Nueva York en el marco de Ventana al Sur: An Evening of Argentine Experimental Films at Millennium Film Workshop. No es precisamente un fragmento del video original ya exhibido en Buenos Aires, sino otra versión de casi diez minutos, porque decidí ir variando el montaje de VHS para convertirlo en una obra abierta, que cambiará según pasen los años, en plan mutación accidentada. Veremos cómo sigue. Por lo pronto, esta es una nueva sinopsis breve en inglés:
If gender is technology (as feminists teach us), then queer identity is an infected machine. VHS (VideoHomoSexual) is a smash-up of trailers and institutional clips where the trashy texture of videotapes, corrupted by the queer-techno-eye, exhibits the camp desire and its degradation.
PS: En una gacetilla oficial sobre Ventana al Sur, escribieron esta nueva sinopsis de VHS: Archeological detritus of 80s and 90s video culture woven into a reverie of lust, anger and raunchy fun. An homage to the passing of a beloved gauge.

domingo, 25 de octubre de 2009

La plaza del amor


El próximo 7 de noviembre, a las 16 horas, en la Marcha del Orgullo LGBT, antes de partir por Avenida de Mayo rumbo al Congreso, nos juntamos en Plaza de Mayo, como hace varios años, para gozar de un encuentro musical de amor libre. Habrá recitales, feria y todos los etcéteras que quieran performar diversamente en la plaza. Tocan Javi Punga y su Conjunto Musical, Miss Bolivia, Los Labios y FOK Electrochongo.
Están invitadxs y tienen este flyer que hice (y que se amplía con un clic) para que puedan difundir el recital en sus blogs, flogs, fb, sitios, redes sociales, etcétera.

viernes, 23 de octubre de 2009

Baltimore Rosa Shocking


Muchas veces escribí sobre John Waters, sobre su cine anarcosexual ubicado en Baltimore, sobre el valor de sus películas insurrectas. Pero nunca me había dedicado a exponer con detalle algunas de las virtudes viciosas de Pink Flamingos, mi película favorita de la Historia del Cine. En la nota que escribí para Soy esta semana van a poder leer algunas de las apologías más horribles que se puedan hacer sobre la obra maestra de este gran Anarquista Anal. Y si no vieron aún Pink Flamingos, y creen estar preparados para eso, la dan un par de veces en el malba. Y después, a seguir mamando.

Romancero criollo


Y yo, que sigo siempre hasta el fin,
quiero saber, por qué no quieres venir,
a conocer, tu propio mundo interior.

"Héroes del Asfalto", Riff

Yo quisiera que la puerta quede abierta
y que todos entren a la fiesta!
"Entra en movimiento", Virus

Para el anónimo que lo pidió en un comment, ahora en el último suplemento Soy puede leer mi visión de Vil romance, la trama homoerótica suburbial de Campusano. Y después de la nota es recomendable escuchar Recrudece y Contenidos, discos de Virus y Riff respectivamente, editados ambos en 1982, para vivir el choque de sensibilidades al que me refiero al final del texto y estar en el mood indicado para irse a un cine a ver esta película, si aún no lo hicieron. Federico Moura y Pappo, un solo corazón.

Atención: no vale escuchar Agujero interior, de Virus, producido por los Peyronel Bros., miembros de Riff, porque no habría tal choque.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Made in Taiwan

En Taiwan no paran de surgir genios audiovisuales. Este video stop motion se llama Deadline y lo dirigió un tal Bang-yao Liu. Y por acá pueden ver el making of. Lo que me parece extraordinario de este corto es que usa la estética high-tech del píxel desde la técnica más primitiva del cine (el stop motion o descomposición del movimiento en fotografías fijas). Es algo así como si alguien se propusiese fabricar una computadora con palitos de helado, y lo logra. La idea de que al pegar papelitos se puede reconstruir la gráfica del videogame y los iconos de la cybercultura hogareña es una propuesta que pone en relación la más rudimentaria manualidad con el mundo de la alta tecnología como una prueba paradójica de que en el germen de una está la otra o, dicho de manera distinta, que se puede encontrar una genealogía impensada entre los dos polos antagónicos de producción. También, a cada golpe del montaje, entre un plano y otro, entre un cuadrado y otro, se salta de la abstracción a la figuración, intermitencia creada a partir de una ecuación aritmética representada como figuración geométrica, que hace de la imagen una tensión bastante particular entre lo analógico y lo digital, entre la superficie y su cálculo: cómo un cuadrado de papel se puede transformar sucesivamente en mundos alucinados por la cibernética. Así, la imaginación tecnológica produce el paisaje mental como un mosaico mutante y extrañado de las formas de figuración visual. Es como el sueño de una reunión imposible entre esferas de la experiencia técnica y estética; y por eso creo que es evidentemente que este corto pertenece al subgénero del onirismo tecno-pop.

Tecno-voyeur


El plano de la tijera que Grace Kelly clava en la espalda del asesino de La llamada fatal (Dial M for Murder, 1954) fue originalmente filmado en tres dimensiones, pero como el sistema ya había pasado de moda, la película se estrenó en versión plana. Sin embargo, se reconstruyó esa escena en 3D para exhibirla en el parque temático de Universal en Orlando. Verla me reveló que el 3D tiene posibilidades ideológicas, estéticas y conceptuales más allá de su calidad de espectáculo, y que es una pena que otros directores no se interesasen en experimentar con sus efectos. Y, además, defiendo la idea del cine como experiencia puramente sensorial, y por eso no puedo dejar de seguir de cerca el resurgimiento del 3D, incluso en sus versiones industriales más espurias. Y esta crítica de Sangriento San Valentín 3D, publicada en El Amante, es una forma de tratar de rastrear una veta de su historia.
A veces, incluso, deseo que a alguien se le ocurra hacer versiones 3D de algunas películas canónicas, volviéndolas más efectistas, para revisar la historia del cine como si fuese un parque temático. Por ejemplo, en tres dimensiones la bola de cristal del comienzo de El ciudadano te estallaría en los ojos; o el baile de los panes de La quimera del oro te patearía la nariz. O mejor sería El Acorazado Potemkin, porque el carrito cayendo por la escalinata de Odessa te aplastaría la jeta; o que con Octubre sientas que te golpea un pedazo de la estatua zarista que el proletario derriba. ¡Uy, qué ganas de ver la revolución rusa en 3D!

viernes, 9 de octubre de 2009

Miguelito


Nunca voy a olvidar que haber visto ¿Qué he hecho yo para merecer esto!! (1984) en una reposición en el cine Hebraica (si no recuerdo mal fue por 1992, antes de haber terminado yo la secundaria), fue una experiencia muy importante para mi vida: ver a Miguel (Miguel Ángel Herranz), el niño gerontófilo, hijo del personaje de Carmen Maura, que se acuesta con los padres de sus compañeros de colegio, fue una visión casi perturbadora, no por sentirme impactado por su comportamiento sino, al contrario, por reconocerme en pelos y señales como una mímesis total de Miguel, como si alguien estuviese contando mi biografía real e imaginaria sin haberme consultado.
Por esto no podía dejar de considerar a Almodóvar como un director afín a mi propia sensibilidad, y no sólo por ese personaje (todavía lo considero único en su tipo en la historia del cine) sino por la precisión en la búsqueda de una sensibilidad libertina, donde podía convivir el esperpento de tradición española con el absurdo fantástico, la veta realista del cine italiano, el melodrama familiar como comedia negra y desbordada al estilo de John Waters con referencias cinéfilas mezcladas que incluían a Hitchcock (en este caso al televisivo), y otras tantas formas de síntesis artificiosas que convertían al cineasta manchego en el rey del camp hispano. Y, también, que no es poco, en esa película había una idea del casting absolutamente perfecta, que no sólo incluía a una Carmen Maura insuperable, sino a mi actriz española favorita, Chus Lampreave, que en esta y otras tres películas de Almodóvar (Entre tinieblas, Matador y Mujeres al borde de un ataque de nervios) logra crear personajes inmortales que sólo estaban en germen en los cameos que ella hiciera para Ferreri y Berlanga.
Cuando vi esa película, Almodóvar ya estaba instalado como tic de la cinefilia porteña, y no hice más que sumarme a los seguidores locales del cineasta, como uno más de la troupe que celebraba el desborde estético astutamente encuadrado en una potencia cinematográfica original y genuina, aunque se insertaba en la tradición más vital del cine español encarnada por Buñuel y Berlanga.
El tiempo, se sabe, corrompe los mejores vínculos: yo ya me había convertido en una chica almodóvar (¿quién no lo fue alguna vez?), pero después vino el desengaño, la traición, el hastío, y de alguna manera también casi todxs empezamos a vivir un melodrama en nuestra relación con el cine de Almodóvar. Tras el gran impacto inicial frente a su obra, duré bastante como seguidor fiel, pero puse el grito en el cielo (¡basta, no aguanto más!) con La mala educación: ya no podía ver esa repetición autorreferencial como ceremonia ritual y trip egomaníaco en el que se había convertido el cine de Almodóvar. Algunxs de mis colegas se habían cansado antes. Igual, inmediatamente después vino la tregua para mí con Volver, que sin ser un ejemplo de despojamiento de los vicios adquiridos a lo largo de los años, al menos fue un poco de nostalgia bien habida, una vuelta un poco más sabia a sus orígenes. Ahora, con Los abrazos rotos, su último opus, no es que Almodóvar salga de su mundo con reglas ya un poco fatigadas, sino que encuentra una luz nueva para reescribirlo, y que terminó de convencerme para hacer una reconciliación, al menos temporal, con el cineasta. Acá la nota que escribí para el suplemento Soy de esta semana donde cuento como su camp es ahora una forma de nostalgia desgarradora, pero también la vía de escape de un presente demasiado conservador.
Actualmente, en esta nueva etapa de Almodóvar, otra cosa me perturba tiernamente, pero ya no de sus películas, sino de su persona: compruebo ahora que sus canas (y su eventual barba) le sientan tan, tan bien, que verlo me devuelve nuevamente todo el placer sin culpa de esa gerontofilia que me había hecho identificar profundamente con su cine.

sábado, 3 de octubre de 2009

Páginas arrancadas al cine


Camille Paglia viaja por la obra de Alfred Hitchcock en el descapotable de Tippi Hedren, mientras la cubana Zoé Valdés descifra el mensaje prohibido de las piernas de Marlene Dietrich como la Lola-Lola de El ángel azul. Bajo el reinado de Luis Antonio de Villena, El gatopardo de Visconti será declarado el último grito de la moda camp, mientras que Salman Rushdie se sacude cualquier mandato de pertenencia territorial para habitar ese lugar glam de fuga sin límite bautizado económicamente Oz. Si quieren conseguir las recetas de estas alucinaciones, pueden leer los ensayos reseñados en la nota del último número de Soy.
Más libros para un buen fin de semana para leer al aire libre.

jueves, 1 de octubre de 2009

Back to Mono


"Si viste a un elefante volar, lo viste todo", se escucha en Dumbo, el gran clásico de Disney. Pero parece que no era así, que había que esperar un poco más para verlo todo. Tal vez, el momento sea ahora, con Lluvia de hamburguesas, pero el dicho habría que cambiarlo por: "Si viste a un mono con fijación por los bigotes, lo viste todo." Su nombre es Steve, y también tiene fijación por los ositos de goma. Esta película de animación, además, tiene más gags por minuto que Top Secret y un argumento lunático creado con la ciencia exacta del disparate del joven inventor Flint, su protagonista. Una monada fantagruélica*.
PS: Me doy cuenta, mirando la imagen de arriba del mono Steve, que la cola en espiral me señala una afinidad con la 'Patafísica. ¿Será Steve pariente del gran mono papión Bosse-de-Nage que da nombre al capítulo X de Gestas y opiniones del Doctor Faustroll, Patafísico? No sé si la respuesta será sí o no, pero si pensamos que ambos monos son asistentes-cómplices de científicos, las relaciones de parentesco me cierran más, o me abren menos. Y si, además, corroboramos que el Dr. Faustroll le trató de enseñar a hablar a Bosse-de-Nage (aunque el papión sólo llegó a pronunciar un "monosílabo tautológico: HA HA"), y que, por su parte, Flint crea una máquina para transformar los pensamientos de Steve en palabras, parece que las coincidencias no son tan superficiales. Yo diría que, por las dudas, cuando vayan a ver Lluvia de hamburguesas en 3D, lean el libro 'Patafísica. Epítomes, recetas, instrumentos & lecciones de aparato, recientemente compilado por Rafael Cippolini. Ojo, que se entienda bien, el libro no hay que leerlo antes ni después de la película, sino durante, y sin sacarse los anteojos 3D, porque si no los espirales de la tapa no pegan lo suficientemente bien.
* La palabra fantagruélica es producto de una deformación azarosa provocada por un cambio en los vicios de mi corrector de word. Como siempre que escribía ciencia ficción me lo cambiaba por fantaciencia, reprogramé el corrector de word usando unas variables matemáticas carrollianas** para desviar ese prefijo. El resultado fue que cada vez que invoco a Rabelais con el adjetivo pantagruélico me lo cambia por fantagruélico. Y como me parece mucho mejor esa otra palabra la comencé a usar. No es exactamente un sinónimo de pantagruélico pero tampoco lo opuesto. De hecho, fantagruélico no es exactamente algo, su naturaleza es ser una incompleta inexactitud.
** Y ya que estamos recomendando libros, otro que viene al caso, y es de reciente aparición, es Lewis Carroll en el país de los números. Su fantástica vida matemática de Robin Wilson, que en la página 206, en el capítulo donde se aborda el "problema del mono y la pesa" reproduce el dibujo de un mono que bien podría estar colgado en el árbol genealógico de Bosse-de-Nage y Steve.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Fuego cruzado


Si bien se tiene por principal fecha de inicio de la Segunda Guerra Mundial al 1 de septiembre de 1939, y por eso en estos días los medios insistieron en recordar los 70 años de su natalicio, también se podría tomar al 2 de septiembre de 1945 como fecha de finalización, aunque pocos señalan este dato para celebrar algún tipo de aniversario. ¿Por qué los medios preferirán la fecha de inicio a la del fin? ¿El fin no justifica los medios? ¿Es una cuestión de principios?
Pero Quentin Tarantino prefirió otro camino para su hommenage a la WWII: fue a la raíces para reinventar el fin, en una nueva forma de plantear esos juegos temporales que son marca de su fábrica de pesadillas pop. Ya es sabido que a Tarantino siempre le gustó, como buen cinéfilo descentrado, poner patas para arriba al cosmos cinematográfico, mezclar tics modernos con gestos clásicos a modo de repaso a velocidad de fast-forward/fast-rewind del fuera de control remoto de sus ojos de videotape donde desfilaba la historia del cine mientras trabajaba en un videoclub. Con Bastardos sin gloria, a la primera ojeada, el amor de Tarantino por el cine europeo parece asaltar a la vista, y sí, es verdad, pero esto no es nuevo porque cierto impresionismo europeo ya delimitaba al neonoir de las primeros película (Melville y Godard, por ejemplo, eran tan fundamentales para entender su cinema of cool como lo son André de Toth o Sam Fuller). Además, agreguemos que el film noir es un invento de la crítica francesa para denominar a películas producidas por estadounidenses, y más que ningún otro estilo cinematográfico, marca y diluye la frontera entre el cine europeo y el estadounidense. Y si consideramos que el film noir se desarrolló alrededor de la WWII (para muchos teóricos su fecha de inicio es alrededor de 1941, con El halcón maltés) entonces adquiere más sentido que Tarantino vuelva a retomar este género-estilo-serie desde nueva película, luego de haberlo desarrollarlo en su tríptico inicial (Reservoir Dogs, Pulp Fiction y Jackie Brown). Como de alguna manera dice el siempre subvalorado Edward Dmytryk: la relación del film noir y la WWII es un duelo de balas cruzadas (a propósito, Crossfire es al film noir de posguerra lo que Bastardos sin gloria es al neonoir). Pero claro, como buen ejecutor del neonoir (pero nunca, nunca retronoir, ¡vade retro!), no esperen el canónico chiaroscuro, ni otros clisés del estilo visual retronoir porque Tarantino entiendió que el film noir no es una plantilla de elementos estilísticos sino un modo de (des)hacer cine. Pero igual la femme fatale está, claro, en versión neo y firme junto al cinéfilo que la quiera ver desfigurada, agigantada por el primer plano más bestial, explosivo y fatal que casi ninguna apocalíptica viuda negra tuvo en la historia del cine, y que equipara en potencia al fuera de foco vaporoso de la más inglorious Norma Desmond: I'm ready for my close-up.
En el número 208 de El Amante publiqué una nota sobre la última película de Tarantino y se la dediqué a otra neofemme fatale Pola Oloixarac. Y en su blog, Pola digitó-digitalizó partes de la nota.
Mil gracias por ese post tan cariñoso, Pola.

martes, 15 de septiembre de 2009

Súper 8 Volante


Hace más de dos décadas, la aventura estaba asegurada si uno iba al Italpark y se subía a la montaña rusa más peligrosa del mundo: el Súper 8 Volante. Una suerte de esqueleto metálico de dinosaurio que era transitado por su lomo por carritos muy parecidos a los autitos de los hermanos Macana de Los autos locos, y toda la diversión era tan cavernícolamente vertiginosa como la de esos dos personajes de Hanna-Barbera. El Súper 8 Volante era la hija menor de la otra montaña rusa gigante que estaba al final de parque, pero igual, era mucho más tenebrosa porque parecía un paseo menos seguro. Incluso, cuando años después vi por primera vez Entr'act, de René Clair, las imágenes de la montaña rusa de la carrera lunática del final siempre me hicieron recordar tanto a aquellos paseos adolescentes por esa bestial carcasa metálica del Italpark. Disculpen por el lapsus retro pero la cuestión es que por estos días el Súper 8 volvió al volante con una muestra programada por Andrés Denegri en el aniversario del Rojas, y se promete una experiencia con igual carga de vértigo. Es los próximos dos miércoles de este mes, en Corrientes 2038, y la entrada es gratuita. Se muestran películas de Gabriela Golder, Gonzalo Egurza, Gustavo Galuppo, Sergio Subero y Pablo Marín.

viernes, 11 de septiembre de 2009

La terra laika


Ayer en la portada del sitio Terra, mi caripela aparecía al lado de la nota sobre el robo a Roberto Piazza y arriba de otra sobre el desnudo por descuido de Florencia de la V. Más que La terra trema, se trata de La terra queer. El jpg de mi cara ilustra una nota sobre la ley que permite adoptar a familias homoparentales en Uruguay, y está sacado de una entrevista que me hicieron para Telefe/Noticias.
Telefe sólo extrajo la parte donde hablo del caracter laico del Estado uruguayo y la necesidad de separar las leyes sociales de cualquier dogma religioso y de las ideas vetustas de familia, porque focalizaron la noticia desde ese lugar. Igual, claro, me parece bien ese enfoque porque soy militante en ese sentido y por eso me siento más rioplatense que argentino: la última semana santa viajé a Uruguay porque ahí es la semana del turismo, de la fuga, para huir de esa santificación oficial argentina de esos siete días. Y, además, siempre me gustó ser laica, sobre todo porque en parte me considero una perra lunática.
Acá pueden ver el clip del noticiero que colgó Terra. Y si miran con atención en los planos generales, cuando no hablo, detrás de mi cabeza, sobre el mueble de mi living, hay un muñequito de Patricio Estrella, el amigovio de Bob Esponja. Es mi solapado homenaje al gran dibujo animado subacuático que hace burbujas de amor por donde sea.
Gracias Naza Chong por el dato.

Nacionalidad impropia


Hablando de perras rusas, hoy en el suplemento Soy publicaron mi nota sobre el homoerotismo en las películas del cineasta Sergei Eisenstein. Por el final, adjudiqué erróneamente al director de fotografía Néstor Almendros la nacionalidad cubana. En realidad, Almendros es español y en el fin de su adolescencia se exilió en Cuba a causa del franquismo. Aunque fue director de fotografía de películas de distintos países, la obra como director de Almendros es de nacionalidad cubana o trata sobre Cuba, como el caso de Conducta impropia, y por eso siempre pensé que había nacido en la isla. La salvedad sea hecha.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Simpatía por el demonio


Kenneth Anger tiene varios títulos de nobleza infernal: es gurú del underground, pionero sofisticado en el uso creativo de la música en el cine, cronista del lado oscuro de la industria cinematográfica con Hollywood Babilonia, precursor del homoerotismo audiovisual, ocultista seguidor de Aleister Crowley, músico experimental, etc. Pareciera ser que Anger es muchos y, como el demonio bíblico, su nombre es legión.
Algunos de sus cortos se podrán ver en la muestra Abracadabra del CCMoca. Y para iniciarse en el culto luciferino de Anger también pueden leer una nota que escribí para Soy cuando decidieron hacerle una retrospectiva en el Contemporary Art Center de Nueva York.

sábado, 22 de agosto de 2009

Peep Art


Hoy, en el malba, Greetings (1968) de Brian de Palma, la mejor reposición del año. Copio abajo el párrafo final de un texto sobre la película escrito hace más de un lustro para El Amante.

Greetings es el manifiesto del cine de Brian De Palma. “Conocés el Pop Art, esto es Peep Art (=Arte Mirón)”, dice Robert De Niro, en el papel del personaje de un voyeur compulsivo y autoconsciente que crea una instalación para el Museo Whitney, claramente inspirada en La ventana indiscreta, donde el espectador mira por un telescopio una serie de escenas íntimas en distintas ventanas. (Dijo Brian De Palma: “El plano subjetivo es la piedra de base del cine. Como el sonido a la música; el elemento esencial de la forma. Vos construís películas acerca de gente viendo cosas.”) Las películas de BDP son ficciones de un espectador, como las de Borges son ficciones de un lector. Una mirada al cuadrado, punto de encuentro de subjetividades, la cita es siempre una forma de reescritura de la mirada (propia y ajena) y el arte una maravillosa Historia Universal de la Infamia.

martes, 18 de agosto de 2009

Mondo carne


Creo haber leído alguna vez que Tim Burton sostenía que había sólo dos tipos de dibujantes, los que publicaban los dibujos y los que no. En esa idea hay un intento de acercamiento estéticamente amoral a esa disciplina (nada de diferenciar entre buenos y malos dibujantes), pero sobre todo, la idea de Burton parece democratizar la tarea plástica para sostener que todo el mundo es dibujante, que toda imaginación icónica es dibujo: fantasear una imagen es ya convertirse en dibujante, incluso antes que eso tenga cualquier representación material, incluso antes de que esa fantasía vea alguna luz fuera de nuestra conciencia. En realidad, esa es la gran utopía infantilista de la vida y la obra de Burton: los garabatos de todas las personas, incluso aquellos más impalpables y primarios, son mundos válidos y habitables. En otras palabras, el dibujante como demiurgo: dibuja tu aldea y crearás el mundo. Hoy el efecto del flujo digital del imaginario de internet parece achicar aún más la brecha entre la fantasía icónica y su existencia material, con la impresionante demiurgia de la red: por ejemplo, con un clic en el google-imágenes se crea un instantáneo mapa de imágenes (por más gastado y doméstico que esté el procedimiento del buscador de imágenes no deja de ser un artilugio prodigioso).
Para alguien que comparta una afinidad afectiva y erótica por los cuerpos gordos (como por cualquier otra forma que se excede del gusto medio) la posibilidad de encontrar una representación de su deseo en la raquítica iconografía erótica argentina era tarea imposible hasta que a fines de los '90 internet se convirtió en una pista de despegue para otras galaxias del placer carnal: por fin se veían las líneas que dibujaban el deseo realmente diverso. Por eso fueron muy importante las comunidades virtuales para el universo de los osos. Y, con más intensidad que el snapshot casero, pero con menos frecuencia, se pueden encontrar porfolios de dibujantes que apuestan por otra sensualidad de la carne con trazos que materializan un deseo que incluso no tiene modelo vivo, una fantasía pura del cuerpo excesivo. Muchos de esos porfolios se basan en estéticas idealistas, claro, pero en el sentido menos apolíneo de la alucinación erótica.
Los cuatro dibujantes diversos que reseñé para el último suplemento Soy desarrollan distintas miradas para retratar el gusto por los osos, los gordos, los daddies, los leathers y otras especies del deseo peludo y carnoso. La idea parece ser: Pinta tu panza y crearás tu mundo erótico.

viernes, 14 de agosto de 2009

De una gran fruta


Conocí a Sr. Tomate en el Galpón de Encomiendas y Equipajes, en 18 y 71, en una noche platense helada, un 9 de junio de 2007. En rigor, ese otoño se despedía antes de la fecha calendaria porque el frío de esa noche era terriblemente invernal y convertía a todo lo que tocaba en un iceberg (ese invierno fue memorable: un mes después iba a nevar en Buenos Aires por primera vez en no sé cuántas décadas). Respirando a pesar de las estalactitas, entre paredes que apenas nos separaban de un descampado gélido de vías muertas, una más de las estaciones fantasmas de Buenos Aires, esa noche Sr. Tomate tocaba junto a Shaman y los hombres en llamas y a El mató a un policía motorizado (aclaro que había viajado otra vez a La Plata como seguidor del sonido motorizado). La sorpresa fue increíble: con el folk psicótico de Sr. Tomate se disparó un calor que me dura hasta hoy. Una de esas temperaturas para la que no hay matafuego que valga. Temperatura del cuerpo en combustión musical libertaria, con instrumentación acorde a su total desprejuicio por las jerarquías tecnológicas y sónicas del rock, y con las convenciones de la vida puestas a prueba en cada estribillo. "A veces pienso que la locura es el remedio, que nos mantiene sobrios en este medio", cantó esa noche Poli Tano, atrás de su guitarra, con la ambigüedad que le daba estar enfundada en una gorra y en la capucha de un canguro, para protegerse del frío y de cualquier dictadura de los géneros. Poli y Sr. Tomate avanzan a fuerza de un no-sé constante, la incertidumbre hecha canción para camaleones. El suplemento Soy, ayer, publicó una entrevista que le hice a Poli, porque este fin de semana largo hay doble función de la vitalidad demencial de Sr. Tomate. Y si alguien quiere aprenderse las estrofas de los himnos minimales pueden descargar gratis las canciones de la discografía completa de la banda de la fruta antropomórfica. Y luego a gritar y bailar hasta que se pongan colorados. Ahí nos vemos.

sábado, 8 de agosto de 2009

Oficio mudo

Parece una paradoja ingeniosa pero es verdad: de todo el período de cine mudo argentino, hasta hace poco más de una década, quedaban casi sólo palabras. Y no muchas. Se podían leer algunos intentos de historizar la producción cinematográfica argentina, la más importante de Sudamérica, en algunos pocos libros y revistas a partir de investigaciones basadas en los diarios de la época, y en unos pocos testimonios, pero las imágenes que se conservaron eran más bien pocas. Y de películas completas ni hablemos. Como suplencia quedaron afiches tipográficos, programas de mano, publicidades y artículos de la época que se reproducían y citaban en cuanto libro y nota monográfica que intentara mostrar algún souvenir del pasado que podía funcionar como fuente histórica de las invenciones de los primitivos hacedores del prolífico movimiento fílmico local. Por eso, los últimos años dieron un vuelco a la ceguera con que se emprendía cualquier aproximación a este período, por lo cual la “Primera Antología del Cine Mudo Argentino”, recientemente editada en un pack de tres dvd y un libro-dossier, más el ciclo del Malba de agosto son un paso fundamental para entender el avance que permite vislumbrar un rostro más nítido del mutismo del pasado.
La nota completa publicada en el último número de El Amante, por acá, y el ciclo del malba, por este otro lado.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Sustituto


La idea del dossier central de este mes en la revista El Amante era que cada uno escriba sobre sus miedos frente al cine. Mi gran primer miedo frente a una película fue con El exorcista: la vi a los 11 años, cerca de medianoche, solo frente a la TV; fue a mitad de los 80 y creo que se daba por Canal 13. Fui el único de mi familia y de mi grado que resistió verla completa. Esa noche un frío me recorrió de punta a punta, como si el temblor que me agitó fuese tan potente como el de la niña poseída de la película. Pero para mí ese es otro tipo de miedo, que tiene que ver con el poder perturbador del dispositivo televisivo, que Alfred Hitchcock definió como nadie: "La televisión ha devuelto al asesinato al hogar, el lugar donde pertenece" (hoy debería cambiarse "televisión" por "internet" para actualizar la frase: ¿acaso internet no nos convierte a todos en criminales bajando software y mercancía con copyright, tirando bombas cubiertos por el anonimato, creando sociedades pérfidas vía msn?). La cuestión es que, para escribir sobre mis miedos, preferí basarme en una experiencia cinematográfica plena, en una vivencia en el cine. Y si bien he saltado en más de un bus effect de películas de terror de cualquier tipo y factor, el vértigo que me provoca la falsa perspectiva del efecto cinematográfico, que no me lo provoca la televisión ni internet, fue determinante para elegir mis miedos visuales. Además, elegí películas que en su totalidad no me parecen demasiado relevantes, como lo son Dinosaurio y Up, pero que el vértigo que me causaron fue excepcional (aclaro que Up tiene una valoración a favor que no comparto, especialmente por el lugar de la mujer que la película imagina). Bueno, la cuestión es que también quería anular la valoración crítica integral y salir del lugar del crítico para poder buscar ejemplos más ligados a una experiencia sensitiva espontánea, porque muchas de las películas que fueron aterrorizantes (como Vértigo, por ejemplo), lo fueron por una relación más meditada, menos visceral, provocada por las lecturas y las elaboraciones propias anteriores y posteriores a las visiones de esas películas. Bueno, ahora sí, después del preámbulo, el texto sobre mi vértigo que se publicó:

De entre todas las películas de Alfred Hitchcock, el cinéfilo perverso John Waters dice preferir La soga, por un detalle supuestamente lateral: la alta ventana del departamento del único decorado de esa película es falsa, y prefiere una vista falsa a una verdadera. Esa ventana es la mejor definición del cine: la realidad fingida como trampa del ojo, la pantalla plana con ilusión de tridimensionalidad, el triunfo de la simulación, el decorado reemplaza victorioso al mundo. Como sufro de vértigo, o mejor dicho, de atracción al vacío (ese gusto por el vacío tiene que ver con mi veta nihilista), y también siento la misma atracción por lo falso que mi guía material Waters, la pantalla de cine, ese espacio embustero, me produce más vértigo que la altura verdadera, porque es más mentirosa, porque perfila mejor el engaño mental, la fantasía psíquica. Paradójicamente, mi susto es más profundo, más vivido, gracias al sustituto, al colmo del artificio como suplente de lo real. Toda esta introducción parecería conducir al Vértigo de Hitchcock y su gran truco acrofóbico, virtuoso temblor del precipicio óptico; pero, sin embargo, mi atracción al vacío va por otro carril: se revela más inquietante en las películas de animación donde nada es ni remotamente real, donde la caricatura reemplaza al cosmos, al orden del mundo. La secuencia final de Dinosaurio en el precipicio o la carrera lunática de clímax aéreo de Up son para mí dos buenos ejemplos de cine-vértigo, de la pantalla convertida en rejilla tenebrosamente absorbente como si viajara en un avión y se rompiese una ventanilla en las alturas: en esos casos, aterrado, clavo en los brazos de la butaca las uñas como anclas, para no ser arrastrado al más allá por el encuadre, para no caerme en el espacio vacío de la pantalla que algunas películas abren como la escotilla hacia ningún lado real de la Noche alucinante.

domingo, 2 de agosto de 2009

Big Daddy


Ayer sábado, cuando la oscuridad santélmica casi se convertía en domingo, en el recinto Espacio Ecléctico sucedió el milagro invisible: el aire se agitó de tal manera que las partículas elementales entraron en estado de convulsión, hacían onomatopeyas irreproducibles como grito de guerra a capa y espada (era una batalla sin pólvora, una lucha de valientes). Cuerpo a cuerpo: ahí estaban las vibraciones del ritmo descompuesto para conquistar el letargo pesimista, la golosina de conserva, los calambres de la rutina y muchas otras cosas más que se archivan en museos. Y si se conquistaron esos territorios fue para ganárselos al mar de la estupidez tranquilizadora y tramar progresivamente una fiesta del sonido descentrado. Así, la marcha del redoblante de Daddy Antogna y su equipo de tres antenas (Alan Courtis, Fernando de la Vega, Nicolás Diab) desgranaron la energía luminosa para hacer una heliografía fundamental: casi todo ese prodigio combatiente quedó grabado de antemano en un disco adentro de una caja de cartón, que algunos llaman CD, por Compact Disc, aunque creo que en este caso se debería hablar de Cresta Disonante. Y así fue que esa noche mítica volverá a restituir el temblor de sus hélices belicosas en el hueco que se abra en el solitario placer nihilista cada vez que haga clic (como lo hago ahora mismo) en cualquiera de sus ocho pistas de despegue. Los trofeos de guerra se pueden disparar en cualquier momento: ese es el mejor peligro que debe atravesar un sobreviviente.

jueves, 30 de julio de 2009

Love Lobato


Si bien Zulma Lobato se acercó a los medios con una denuncia, que transcribió el Suplemento Soy hace un par de semanas, la tendencia violenta al show de la degradación de la TV hizo de ella una suerte de blanco para la impune burla criminal más travestofóbica y gerontofóbica. Entonces salieron todos los males de la caja rayada catódica, pero sobre todo se volvió a aumentar la dictadura del peligroso modelo de belleza disciplinaria desde el que se piensa casi exclusivamente lo femenino en televisión. Zulma, en cambio, es un nuevo lenguaje en relación a la representación mediática de lo diverso, y por eso insistió en el verbo travestizar, en lugar del erroneo travestir, porque lo suyo es el neologismo, impulsando un importante desplazamiento semántico. Hay que seguir cada gesto del resistiré de Zulma Lobato para entrenarnos en otras sensibilidades sutiles y reveladoras. Por lo pronto, si alguien quiere incluir el pequeño banner de apoyo a ZL, que está en la columna la derecha de este blog, pueden descargar el código acá.

domingo, 19 de julio de 2009

Breviarios queer


El próximo martes 21, a las 19, en el CCEBA (Paraná 1159) se realizará "una aproximación a algunas producciones culturales argentinas que abordan las estéticas, los imaginarios y las problemáticas queer." Participaremos en la mesa Ayelén Brunet, y Marlene Wayar y yo, bajo la coordinación de Rodrigo Alonso. La actividad forma parte de una exhibición llamada "De la manifestación a la disco", donde se proyectan en continuo, en la misma sede del CCEBA, cortos argentinos y españoles. Entre los cortos locales están los reseñados abajo, de un texto publicado en el suplemento Soy. También está exhibiéndose el video catalán Actuació d’ Ocaña i Camilo, donde, además de las personas del título, actúa el historietista Nazario. Para leer sobre Ocaña, pueden chequear esta otra nota del Soy.

Aurora
de Albertina Carri
Pequeña historia de delirio amoroso, o más precisamente de amour fou, entre la mujer del título y una quesera de acero inoxidable recién comprada en un bazar (sí, leyeron bien, una quesera). Y las imágenes del corto son plateadas e inmóviles como la quesera, porque la estética está apoyada en una sucesión de fotografías en blanco y negro, con una narración con la voz de la protagonista, que remeda en parte la impronta de las antiguas fotonovelas. Si bien todo gira alrededor de un extraño estilo de comedia fetichista, que por el acento español de la protagonista incluso remite al universo de Luis García Berlanga, el eje central de Aurora está en celebrar una idea de máxima libertad a la hora de elegir el objeto amoroso.

Rainbow de Sebastián Freire
Para crear una yuxtaposición que engendra sugestivos rompecabezas visuales, Rainbow toma como punto de partida el mismo dato que dispara la película Stonewall de Nigel Finch: el doloroso duelo por la muerte de Judy Garland fue una de las causas de la rebelión queer del bar Stonewall del 28 de junio de 1969. Así, las imágenes del clásico camp El mago de Oz se proyectan sobre los cuerpos desnudos de dos jóvenes, generando su propia rebelión en un choque entre inocencia camp y nudismo homoerótico que se cristaliza en una serie de fotografías desafiantes. Al ritmo sereno de la versión de “Over the Rainbow” de Norah Jones, esta es una apuesta visual transformadora de los cuerpos eróticos y del imaginario pop de la cultura gay.

En el baño
de Cristina Coll
Una videoperformance intimista donde se expone aquello que la teoría de género y los estudios queer visibilizaron como conflicto de la construcción de la identidad. Una mujer reproduce, frente al espejo del baño, ciertos rituales masculinos a la hora de montarse para salir a la calle. Alimentando cierta ambigüedad con una mirada entre extrañada y documental sobre pequeños actos cotidianos (afeitarse, lavarse, vestirse), este corto registra la voluntad del cross-dressing como una práctica fronteriza entre el espacio privado y el público, al mismo tiempo que la idea de identidad de género se lleva a cabo a través de la performance, en una sabia cercanía ideológica a los planteos renovadores de Judith Butler.

Victorian Leather de Leandro Allochis
Estamos invitados a tomar el té leather en este video, donde una mesita de mantel estampado y un elegante florerito son el contexto ideal para una sesión donde cuerpos diversos entran en un diálogo ecléctico y fragmentado. Y, sobre todo, donde se dinamitan varios lugares comunes de la estética leather, porque acá no hay oscuridad sino luz diáfana y estridencia visual, y donde la mujer no está excluida sino que es parte del juego homoerótico entre varones, planteando incluso que un ovillo de lana de tejer pueda ser usado como un complemento de bondage. Pero, sobre todo, Victorian Leather encuentra una estampa estilizada que despliega desde otro punto de vista esa elegancia erótica propia de los amantes de cuero.